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7) Una gran competencia

  • 28 feb 2017
  • 4 Min. de lectura

Hacer deporte siempre ha sido mi mayor pasatiempo, jugar baloncesto, salir a correr, montar en bicicleta, y un poco de fútbol, pero en realidad mis favoritos son los deportes extremos, escalar, hacer rappel, torrentismo, canopy y algunos otros. pero desde muy pequeño patinar ha sido el deporte que más he practicado, es sin lugar a dudas uno de mis favoritos.


Patinando en mi calle

Un día descubrí que mi papá tenía unos patines rojos de cuatro ruedas (quads) y decidí probármelos, me quedaban muy grandes y además me sentía muy inestable, con ayuda de un primo me puse en pie, mientras él me animaba a seguirlo, yo intentaba hacerlo con pasos de bebé muy lentos e inestables por todo el corredor de mi casa durante un largo tiempo. Usaba los patines de mi padre en cada oportunidad que tenía, pero mi destreza no parecía mejorar.


Después de algún tiempo me regalaron unos patines en línea, eran de color verde con negro, y además venían con todo un kit de protección, así que me puse las rodilleras, coderas, casco y por supuesto mis patines nuevos. Estos parecían más inestables que los patines rojos de mi papá, pero yo seguía intentando avanzar por todo el corredor de la casa. Mi abuelo que se encontraba trabajando en su taller de zapatería que en ese entonces estaba en el garaje de la casa logra verme practicando y se acerca para decirme como debo hacerlo. Entonces se encorva, manda sus manos atrás y empieza a arrastrar su zapatos por el suelo como si estuviese patinando en una pista de hielo, yo me agacho e intento imitar sus movimientos (era muy gracioso pues la verdad nunca supe si en realidad el abuelo sabia patinar o solo imitaba los movimientos de los patinadores que salían en la televisión), yo seguía intentando seguir a mi abuelo con miedo porque me caía muy seguido. Mi abuelo me sujeta de las manos y empieza a arrastrarme mientras me sigue diciendo cómo debía mover los pies (cada vez que me ponía los patines allí estaba el abuelo dándome sus instrucciones), no tarde mucho en aprender a patinar, sí, me caía bastante al comienzo pero con el tiempo hasta la protección que usaba empezó a estorbarme y además los patinadores profesionales solo usaban casco, así que yo también.


En "mi calle" todos sacaban sus bicicletas, patinetas, monopatines y por supuesto sus patines. Hacíamos todo tipo de carreras. Los autódromos o competencias olímpicas hubiesen sentido celos de ver lo rápido que organizábamos los torneos, además la velocidad y adrenalina con la que corríamos por toda la calle nadie la hubiese podido calcular, señalábamos postes, árboles y casas como puntos de referencia por donde debíamos pasar, luego de realizar el circuito podíamos llegar a la línea de meta orgullosos de ser los más rápidos de cada modalidad en la que competíamos.

Una foto reciente

Recuerdo que gané varias veces con mis patines; y un día en mi colegio organizaron una carrera para todos los patinadores, bueno habían más categorías, pero a mi solo me interesaba competir usando mis patines, teníamos que atravesar toda una cuadra de ida y regreso. A penas supe de esta carrera le dije a mis padres y empecé a practicar. Solo me quitaba los patines para dormir, y competía ferozmente contra mis amigos que iban en sus bicicletas, para que de este modo yo pudiera ganar velocidad y destreza.


Finalmente llegó el día de la carrera, estábamos todo parados en la línea de partida. Los nervios me invaden, siento la adrenalina correr por todo mi cuerpo, mis papás me saludan desde un lado de la calle, toda la cuadra está llena de estudiantes con sus padres, el sol se posa sobre el cielo en su cenit, de repente escucho una voz, "en sus marcas, listos, fueraaa". Arranco a toda velocidad, los gritos de las personas cada vez son más fuertes, patino con todas mis fuerzas, siento como el viento golpea mi cuerpo, y un fuego cada vez más intenso se apodera de mis piernas, puedo sentir la adrenalina corriendo por mis venas, no veo a nadie cerca así que miro atrás, efectivamente voy de primero, y llevo una gran ventaja todos siguen animándome, patino cada vez más rápido y logro ver la línea de meta, la gente me mira con una sonrisa en el rostro, mi papá está en la meta esperándome, faltan solo unos cuantos metros y seré el mejor de toda la escuela. Por un momento miro al suelo y veo un pedazo de barro, no logro esquivarlo y me caigo a unos cuantos metros de la meta, doy unos cuantos giros en el suelo, los gritos paran y se hace un gran silencio. Tirado en el suelo y un poco aturdido por la caída logro escuchar una voz del público que dice "levántate sigue aún puedes ganar", así que me siento para poder ponerme en pie, y mientras lo hago, logro ver el rostro del rector de mi colegio, quien hace un gesto negativo con su cabeza, como diciendo "lastima pudiste ganar". Me quedo sentado en el suelo observándolo, luego miro atrás, y logro ver los otros chicos, vienen patinando con gran entusiasmo, finalmente me pongo en pie y veo como me pasan uno a uno levantando sus brazos victoriosos, yo patino lento y cruzo la meta. Todos van a felicitar al ganador y yo con lágrimas en los ojos me dirijo hacia mi padre.


Algunos me preguntaron ¿qué pasó? ¿por qué no te levantaste?, yo pensaba que por caerme había quedado descalificado y que el rector me decía que no podía seguir compitiendo por mi error.





 
 
 

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