1) Soy Cortés
- 27 feb 2017
- 4 Min. de lectura
Como ya lo mencione arriba “Soy Cortés”, no recuerdo haber hecho nada para merecer ese título, no soy el más atento, ni el más educado y mucho menos soy el que mejor se comporta, y ni hablar cuando entro en confianza. Pero hay algo que sí puedo ser, como por ejemplo: el más cansón, el más molesto, el más intenso o hasta el más payaso, bueno en realidad todo eso depende de con quien esté y de mi estado de ánimo por supuesto; pero si me encuentro en un grupo que acolita mis ocurrencias y tengo la suficiente energía, si, puedo levantar la cabeza y sacar pecho orgulloso por mis méritos.

Recuerdo a mis profesores de primaria diciendo a gran voz en tono dictador “Señor Cortés, por favor regrese a su pupitre” o “Señor Cortés al tablero” o esta que lograba asustarme un poco más “Señor Cortés a rectoría”, bueno en realidad no me asustaban mucho esas voces, pues las escuchaba todos los días cada quince minutos, pero había una voz en especial que siempre lograba hacer que mirara al suelo y quisiera que la tierra se abriera y me tragara, imaginen esta escena: yo, un niño de aproximadamente siete años, cabello largo, rubio y crespo, en el barrio me decían el pibe, pues en ese entonces la selección de fútbol colombiana logró algunos méritos internacionales, y uno de los más destacados jugadores fue Carlos Valderrama - (Pibe Valderrama), recuerdo a mi padre peinándome con un trinche todas las mañanas para esponjar mi cabello y hacer un afro similar al de este personaje, tiempos aquellos, bueno solo me falta añadir rostro y personalidad angelical. Él, un señor de unos cuarenta y tantos años, cara de pocos amigos, alto y moreno y nada más que el Señor Rector del colegio, no recuerdo su nombre pero si muy bien su voz. Cuando todos los estudiantes tenían que salir a formar para escuchar las palabras de dicho hombre, y hacer otra serie de rituales que aún no logro entender su objetivo, tales como cantar el himno nacional, el himno del departamento, el himno de la ciudad y por supuesto el himno del colegio, más una serie de ejercicios para llamar la atención de los estudiantes, eran algo así como, “Filas, tomar distancia, a discreción, Atención...fir.” mi colegio no tenía ninguna influencia de la milicia ni mucho menos, solo se hacía para controlar el comportamiento de los estudiantes, creo, pero cuando se llamaba la atención a alguien en especial, el señor rector lo llamaba y lo hacía subir a la tarima a la vista de todos y tenía que pararse en una esquina hasta que terminara la ceremonia, en mi caso, mi comportamiento era ejemplar nadie quería ser humillado de ese modo frente a toda la escuela. Primaria y bachillerato tenían que asistir a la izada de bandera pero justo antes de que el señor rector terminara sus palabras decía algo como: “En esta institución, los estudiantes deben tener buena presentación, mujeres bien arregladas, sin maquillaje ni pintura para uñas, los hombres con el calzado limpio, en perfecto orden y por supuesto bien peluqueados, no es así Señor Cortés”
En ese momento todas las miradas se dirigían a el afro que sobresalía en primaria, seguido de una gran burla por el comentario del rector y pues yo solamente sonreía y asentía con la cabeza. No sé cuántas veces escuché a este señor llamándome la atención desde la tarima, pues yo nunca decía nada en casa, pero mi apodo “Pibe” el cual hasta la gente que veía en la calle por primera vez lo intuía, terminó al día siguiente después de la llamada del rector a mi madre, en la que sugirió un corte de cabello o la búsqueda de otra escuela, preferiblemente una en la que aceptaran afros.
También recuerdo que siempre veía a los estudiantes más destacados por su comportamiento o su excelencia académica pasar frente a todos, orgullosos y con su frente en alto, y por supuesto al mismo rector poniendo una banderita en el pecho de ellos, reconociendo sus méritos académicos y felicitandolos.
Después de cada izada de bandera, veía a mi madre a la salida del colegio y le decía que yo quería una banderita de esas, ella solo decía que para obtenerla tenía que portarme juicioso (bien), lo cual me duraba una semana o solo hasta que olvidara que quería una banderita. Mi mamá me prometió una tortuga si pasaba el año sin perder ninguna materia, recuerdo que cada entrega de notas era una parte de la tortuga, en la primer entrega obtuve la cabeza, luego una pata, luego otra, y otra y otra, entonces fue cuando me di cuenta que las tortugas también tenían cola y por supuesto el caparazón, al finalizar el año las entregas de boletines no fueron suficientes para completar todas las partes, así que nunca obtuve una tortuga y mucho menos una banderita por mis méritos académicos.
Pero un día en el que se trastearon los muebles de lugar, en el cajón de una mesa vieja que tenía el abuelo, que a propósito era el señor Hernando Cortés Cortés. (Wouu si para mi es duro ser solo Cortés ¿Cómo lo seria para él?) En fin, de ese cajón sale rodando por el suelo de la habitación, una cinta tricolor Amarillo, Azul y Rojo y era de el mismo material con el que se hacían las banderitas que ponía el rector en el pecho de los mejores alumnos del colegio, entonces tuve una idea, inmediatamente pedí a mi abuelo que cortara un pedazo de esa cinta y me la regalara, él tomó un cuchillo y con la punta señaló.
– ¿Ahí está bien? Dijo mi abuelo
– un poco más, respondí
Tenía que tener suficiente cinta en caso de querer izar más banderitas, luego fui hasta donde mi mamá y le pedí unos ganchos de ropa para sujetar las banderitas en mi pecho, así que tomé unas tijeras corté las banderas en un tamaño adecuado, puse el gancho, me paré frente al espejo y dije algo como:
-“Señor Cortés, por su buen comportamiento, excelentes calificaciones y gran desempeño académico…”
- ¿Izaste bandera hijo?
- No, las tenía el abuelo
Entonces mi mamá se fue sonriendo. Recuerdo que llevé esa banderita en mi maleta hasta el día en que en el colegio hubo izada de bandera, entonces tomé mi banderita la puse en mi pecho y caminaba por los correderos con la cabeza en alto.
Lo de Cortés, me lo pusieron al mes de haber nacido, lo demás fue apareciendo con el tiempo.



















Comentarios