5) Familia (Parte 1)
- 28 feb 2017
- 3 Min. de lectura
Estaba llorando, mis padres no sabían qué hacer, me miraban llorar y sus miradas se cruzaban, empezaron a hablar en un lenguaje que solo ellos entendían, sus miradas decían todo lo que querían comunicar y no eran necesarias las palabras. Yo seguía llorando, porque tenía hambre.

Recuerdo que mis papás intentaban calmarme, diciendo que no había dinero para comprar comida esa noche, yo tenía hambre porque no me había gustado el almuerzo ese día, y no comí todo lo que habían servido en mi plato, después de un largo rato de verme llorar mi mamá tomó un dinero que tenía guardado para pagar los servicios públicos que pronto vencerían, mira fijamente a mi padre mientras le dice que compre un pollo asado. Él solo la mira y obedece.
Después de tener una buena presa de pollo en mis manos y saboreándola en mi boca, mi papá me toma entre sus brazos y seca las lágrimas de mi cara. Mi mamá me mira fijamente a los ojos y me dice: ahora que sabes lo que es tener hambre espero que comas todo la próxima vez. Yo solo agacho mi cabeza y continúo con mi festín.
Gracias a Dios esta fue la primera y única vez que llore porque no había que comer en casa. Nunca ha faltado el alimento, ni el vestido. Si, hubo épocas en las que tenían que mesurase un poco los gastos, así como otras veces en las que podíamos elegir lo que quisiéramos, claro, siempre sin exagerar.
No logro olvidar ese día, en realidad no tenía tanta hambre como para llorar de esa manera, pude haberme acostado a dormir y esperar el desayuno del día siguiente, pero hay momentos en los que solo vivimos el ahora, nos dejamos llevar por las circunstancias y nos segamos de manera que solo vemos nuestras necesidades inmediatas.
No quiero contar la historia de un niño que llora porque tiene hambre, y sus padres hacen sacrificios para suplir sus necesidades, quiero hablar del niño que unos días antes grita “usted no me regañe, que usted no es mi mamá”, a la mujer que sin pensarlo lo tomó en sus brazos cuando sus padres se habían divorciado. Ella solo me mira mientras yo alzo mi voz y salgo corriendo por miedo a un castigo.
Ya oscureció, la ventana y la puerta del cuarto de mis padres está cerrada “mi mamá y mi papá” están dentro, él acaba de llegar de trabajar. Y yo regresaba en silencio para saber si mamá aún estaba molesta, afuera del cuarto logró escuchar la conversación, ella llora mientras le cuenta a mi padre lo sucedido, inmediatamente siento como mi corazón se desgarra, no encuentro palabras para describir lo que sentí en ese momento. De nuevo corro hacia unas escaleras, levanto mi mirada al cielo y empiezo a preguntarme: "¿por qué lo dije? ¿Esta es la forma en que agradezco a “mis tíos” por tomarme como su hijo?" quería retroceder el tiempo, poder hacer algo, pero el daño ya estaba hecho.
Mi papá me llama para que vaya a dormir, no dice nada, yo tampoco lo hago. Apaga la luz y sale de mi cuarto.

Hasta el día de hoy mis padres han cuidado de mí, se han encargado de suplir todas mis necesidades y darme una educación adecuada; comprendí que el amor paternal no surge por genética y que la familia va más allá de lo establecido por las normas sociales. Hoy en día hay gente que encuentra parecidos físicos entre nosotros, a los cuales solo respondemos cruzando miradas y sonriendo con cierta gracia que nos produce escuchar los comentarios de las personas.
Crecí junto a mis tíos y mi primo, a quienes hoy llamo padres y hermano; discutimos, reímos y nos gozamos en familia. Nunca más volví a gritar a mi mamá y espero no volver a escuchar su llanto.



















Comentarios