4) Sueños de un niño
- 28 feb 2017
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De niños soñamos con ser grandes, imaginamos nuestra vida como un juego más, queremos apresurarnos a vivir, y nuestros deseos, en la mayoría de los casos siempre suplen necesidades ajenas, muchos quisimos ser policías, doctores, bomberos, profesores o algún otro tipo de profesión en la que lo primordial, era obtener el bien de alguien más.

En mi caso quería ser veterinario, bueno esa era la profesión que más sobresalía en mis ocurrencias de pequeño, también quise ser bombero y hasta lustrador de zapatos, en realidad esta última, la quería solo porque fue mi primer trabajo, mis papás y mi hermano me pagaban $200 colombianos por cada zapato que lustraba, era feliz corriendo en busca de la caja de zapatos, hallando cada par que necesitara ser embolado, me sentaba en el suelo y empezaba mi labor. Después de unas horas, venia mi parte favorita, ponía todos los zapatos en fila y extendía mi mano cobrando por mi trabajo.
Recuerdo que para mi cumpleaños me regalaron un microscopio, bueno eso fue lo que yo pedí de regalo, en realidad obtuve un juguete que tenía un lente y una pantalla que reflejaba mucho más grande todo lo que se pusiera en una bandeja pequeña de vidrio, era básicamente un bombillo con una lupa y un espejo dentro que dejaba ver más grande la silueta de las muestras que pusieran en la bandeja. Lo más interesante de este juguete es que venía con un kit para recolectar muestras, un bisturí, una espátula, unas cajitas plásticas, tarritos, pinzas, etc. Tenía muchas cosas entretenidas, me hacían sentir como todo un experto a la hora de tomar muestras, también me regalaron una bata blanca, unos guantes de cirugía y un tapabocas. Era todo un científico en proceso.
Después de tener toda mi indumentaria puesta, y alistar cada uno de los objetos que iba a necesitar, salía a “mi calle” o a pastizales, a recolectar insectos, larvas, flores, y hasta huevos de algunos insectos que encontraba en árboles (me encantaba ver los huevos en el “microscopio”, éste permitía ver los insectos dentro del huevo y ellos se movían allí dentro, era asombroso).
Gracias a mi extraña fascinación por los animales, tuve toda clase de “mascotas” y cuando morían hacia una “autopsia” para hallar la causa de su muerte, algunas de las que más recuerdo fueron los canarios de mi abuela, quien me los ofreció para investigar porque murieron, inmediatamente los lleve a mi “anfiteatro” (el lavadero de ropa que había en la casa) y empecé con mi investigación (el diagnóstico siempre era el mismo “Muerte Natural”).
También tuve unas lagartijas que atrape con un primo en Cali y viajaron conmigo en una botella plástica hasta mi casa, aproximadamente unos 460 Km, unos escarabajos gigantes, pollos, conejos, hámster, peces. Un día mi papá llego con una culebra que se encontró en el camino y me la regaló. No era más grande que la palma de mi mano, pero lograba ganarse mi respeto, nunca había tenido algo similar, y además no sabía si era peligrosa.

Gracias a mi exhausta investigación y arduas horas viendo Animal Planet, sabía todo lo que tenía que hacer para dominarla, mi culebra no duró mucho tiempo viva, pues la puse en una pecera y para que no escapara la tapé muy bien y no dejé un orificio para el oxígeno, (después de un tiempo supe por que murió la autopsia no reveló la causa de su muerte).
A escondidas de mi mamá tome el cadáver de la culebra y la metí en el bolsillo de mi camisa, para llevarla al colegio y mostrarla a mis amigos. Después de ver el asombro y terror en la cara de algunos de ellos, empezamos a asustar a todas las chicas del colegio, unas gritaban, otras salían corriendo, incluso algunas lloraban de pánico, y por supuesto otras corrieron a rectoría para acusarme.
El rector del colegio junto con algunos profesores estaban reunidos, aun no creían que yo fuera capaz de llevar una culebra al colegio, la negué por un tiempo hasta que amenazaron con llamar a mi mamá. Entonces pensé: mi mamá sabe que tengo una culebra, me meteré en problemas. Si, está bien tengo una culebra pero es pequeña y además está muerta, cuando dije esto todos quedaron atónitos, metí mi mano al bolsillo y la saque para mostrarla, todos la observaron de lejos llamaron mi atención y pidieron que no llevara más de mis mascotas a la escuela.

No estudié para ser veterinario, aunque fuera lo que más amaba, pues los comentarios de las personas cuando me preguntaban que quería ser, eran algo así como: morirás de hambre, ¿de qué vivirás?, ¿eso si da plata?, y algunos otros, que poco a poco fueron matando mis sueños de niño y destruyendo mi inocencia, pues ya no tenía que realizar lo que soñaba, sino algo que fuera rentable o bien visto por la sociedad.
Hoy en día soy comunicador social, me encanta mi profesión, aunque todavía no sé si moriré de hambre, o de que viviré, y mucho menos si tendré dinero.



















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