2) El amor más grande del mundo
- 28 feb 2017
- 4 Min. de lectura
Para ser sincero, no sé cuándo fue que aprendí a leer, solo recuerdo que en cada oportunidad que dejaban como tarea llevar una lectura para hacerla en clase, siempre llevaba la misma, “el amor más grande del mundo” no sé quien la escribió, pero desde primaria leí el mismo texto en cada oportunidad, creo que la alcance a leerlo hasta sexto grado, cuando los profesores decidieron elegir ellos lo que debíamos leer.

Realmente creo que la historia más triste que leí de niño fue ésta, pero me gustaba su final, así que mi mamá la escribió para mí en unas hojas de cuaderno, las cuales aún conservo.
Reflexionando un poco, creo que era el único niño al que no le gustaba que su mamá le leyera, pues cada vez que lo hacía, yo terminaba pidiendo permiso para ir al baño y llorar por las tristes historias que ella me leía, ésta y los textos que dejaban los profesores en el colegio, don quijote de la mancha, la vorágine, cien años de soledad y bueno algunos otros libros que para mi concepto no son los textos que un adolescente quiere leer, eran la razón por la cual no tenía gusto por la lectura.
A diferencia de muchas personas que conozco, conocí a “Nacho” (una cartilla para aprender a leer) por mi hermano menor. Un día vi esa cartilla de la que había escuchado hablar tanto, y la empecé a leer: mi mamá me mima, esa mesa si pesa, papá pasa mi mesa paso a paso, mi papá ama a mamá… sí, me pasó exactamente lo mismo que a ti, ya no le encontraba sentido a estas frases trilladas así que lo dejé, pero al ponerlo en la mesa vi que el libro tenía la conocida fábula “Rin rin renacuajo” y la leí por primera vez. Estaba fabula venía acompañada de dibujos coloridos, que lograban hacer que imaginara cada frase, hasta el punto que no quería que terminara, entonces descubrí que la lectura no era tan desagradable y poco a poco fui descubriendo otros textos.
Sin dejar de lado mi texto de batalla, mi compañero inseparable por muchos años, aquel con el que lograba hacer que sobresalieran mis notas en las clases de lectura, “el amor más grande del mundo” aún lo recuerdo de memoria, y cada vez que veo la oportunidad recito su primer párrafo: "El día en que María José nació, no sentí gran alegría, pues yo quería un varón, pero a los pocos meses me dejé cautivar por su sonrisa, y su mirada no se apartaba ni un instante de mi pensamiento"… de pequeño lo recitaba con gran fluidez, mirando el texto y haciendo un paneo por toda la clase, desde el profesor hasta el último chico, ese que siempre se sentaba al lado de la puerta, regresaba al texto sin problema, pues podía ubicar cada frase perfectamente en él, también incluía esa voz que caracteriza las grabaciones con mensajes positivistas, si Jorge Duque Linares me hubiese escuchado, de seguro me hubiera llamado para acompañarlo en su programa actitud positiva.
Después de haber escuchado mi fantástica lectura ¿o debo decir interpretación? Un día la profesora de español, me llamó al frente para leer un cuento que ella llevaba, sentí un baldado de agua fría “Señor Cortés, por favor lea para sus compañeros este texto” pasé al frente con temor, tomé el libro pesado entre mis manos, y mientras ella daba algunas indicaciones a mis compañeros, trataba de memorizar lo que este decía, “Señor Cortés, proceda con la lectura”, dije los dos primeros renglones de corrido, con pausas y acentos, después de esto tuve el primer error, mis compañeros se reían, y no lograba concentrarme, mi mente vagaba ¿Qué dirán mis compañeros? ¿Qué pensará la profe?, tengo que prestar atención o me equivocaré de nuevo, otro error, cada vez me ponía más nervioso, solo repetía en mi mente tengo que concentrarme, tengo que concentrarme, es paradójico como sabes lo que tienes que hacer, pero el hecho de repetirlo mentalmente no te deja, entonces el comentario de la profesora no se hace esperar
- Señor cortés ¿pasa algo?
- Ehh, mmmm
- ¿No ve bien, necesita más luz?
Gracias al cielo, obtuve una respuesta. No veo muy bien el texto
- Por qué no lo dijo antes, tome asiento, ¿alguien quiere continuar con la lectura?
Una chica de anteojos, trenzas, jardineras hasta las rodillas y que siempre estaba dispuesta a colaborar a los profesores en lo que necesitaran levanta la mano.
- Señor Cortés dígale a sus padres que necesita ir al optómetra
Mientras tanto yo regresaba a mi puesto con los ojos clavados en el suelo, y con la cabeza llena de pensamientos vagos, ¿qué diré la próxima vez? ¿Cómo aprenderé a leer más rápido? Esta niña lee muy bien, no sé si me está haciendo quedar peor o está logrando distraer a mis compañeros, ¿Cómo logro concéntrame la próxima vez?
Al salir de clases le digo a mi mamá que necesito gafas, me miró a los ojos detenidamente y al otro día estábamos yendo al médico para hacer la consulta, efectivamente necesitaba lentes para leer, y para descansar la vista, pues tenía miopía o algo por el estilo en mi ojo izquierdo.
Llegué al colegio con mis lentes nuevos, para que todos los vieran y supieran que si necesitaba lentes, algunas veces los llevaba en mi morral, y cada vez que teníamos que leer frente de la clase, los dejaba guardados para tener una excusa mientras mi lectura en voz alta mejoraba, hoy en día puedo hacer casi cualquier cosa en público sin temor pero cada vez que tengo que leer algo, no puedo negar que los nervios y los mismos pensamientos me siguen invadiendo.
Éste es el texto que me leía mi mamá, lo encontré en audio:



















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