8) Nada es para simpre
- 21 abr 2017
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Estaba frío, su cuerpo lentamente parecía congelarse cada vez más, sus movimientos se dificultaban con el pasar del tiempo, ¿tiempo? La verdad no estoy seguro si el tiempo se detuvo, o si en realidad continuaba con su trágico deambular.

Era una mañana de domingo fría y gris, tal y como solían ser todas las mañanas en la antigua Bogotá, mamá se encontraba en el patio trasero lavando la ropa, y yo estaba acostado en su cama viendo una serie animada llamada “Cuentos de los hermanos Grimm”; de pronto, en el momento menos pensado, mamá irrumpe con un grito que llevaba mi nombre. (Aun no me logro acostumbrar a los gritos, perdón a los dulces y potentes llamados de mi madre) entonces voy donde ella está y me manda a hacer aseo a la jaula de mi mascota, un hámster angora de pelo dorado que estaba próximo a cumplir un año junto a mí.
Recuerdo que obtuve mi hámster gracias a mi vasta insistencia una tarde que caminaba con mis papás por una de las calles más transcurridas de mi barrio, logré ver tras las vitrinas de una veterinaria un montón de bolas de pelo que se movían de un lado para otro y se perdían entre la viruta de sus jaulas, otras se encontraban reuniendo comida en sus “cachetes” de tal manera que parecía que tomaban una gran bocanada de aire como para atravesar una piscina olímpica con una sola toma; Y una de ellas corría sin parar por una rueda de metal. Al observar como ésta parecía estar preparándose para correr una maratón y la gracia con que lo hacía, supe que quería un hámster de mascota. Así que insistí a mis padres de tal manera que optaron por cómprame a ese pequeño roedor que no paraba de correr por esa rueda de metal.
En la veterinaria me lo entregaron en una caja de cartón, y la verdad yo tenía miedo de tocarlo, pues no nos digamos mentiras, un hámster es igual que un ratón de alcantarilla solo que con más pelo y menos cola. Cuando llegue a casa, sabía que en el cuarto donde se guardan ese tipo de cosas que no sirven pero que servirán en algún momento, o que son basura que se podrá usar luego, había una jaula y ésta tenía una rueda de metal en el centro y era de las mismas en la que había visto correr a mi hámster en la veterinaria, también tenía unas escaleras y una especie de balcón hecho del mismo material de la jaula, así que esa fue la casa de mi pequeño amigo, luego busque y encontré una caja de madera en donde venían unos bocadillos así que pedí a mi papa que hiciera una puerta para que ésta se convirtiera en su cama o lo que para él sería, su guarida. Después de un tiempo mis papás, me compraron un collar de color rojo con el que paseaba a mi hámster como si fuese un perro por toda la casa y de vez en cuando lo sacaba a pasear por el parque que quedaba cerca.

Unos meses después, mi papá llega en horas de la noche a casa y me dice que vio entrar a un hamster por debajo de la puerta y que un perro negro lo estaba persiguiendo. Me propuso atraparlo y ponerlo con el mio, asi que lo buscamos y cuando logramos atraparlo usando rebanadas de queso como señuelo, lo pusimos en una caja, y corrí apresuradamente para llevarlo a la jaula, pues quería ver la reacción de los dos al encontrarse, pero la jaula tenía la puerta abierta y mi amigo había escapado, entonces me fijo detenidamente en el hámster que tenía en la caja y me doy cuenta que el hamster que habíamos atrapado con mi papá era mi fiel amigo. No sé cómo hizo para escaparse y mucho menos para regresar a casa, pero a partir de ese día fui más cuidadoso y todas las noches cerraba la jaula con un alambre que hacía las veces de candado o cierre.
Hasta esa mañana gris, en que mi madre me manda a limpiar la jaula de mi amigo. Cuando tomé la jaula para hacerle aseo, mi hámster no aparecía y pensé que había escapado otra vez. Así que saque su caja de madera para saber si estaba dentro de ella; y él estaba allí dentro agonizando. Su guarida se había convertido en su lecho de muerte, lo tomo en mis manos mientras observo cómo su pequeña boca se abre y se cierra queriendo atrapar la mayor cantidad de aire posible, sus movimientos son torpes y cada vez más lentos, durante un momento su mirada se cruza con la mía, y en ese momento entiendo que moriría, inmediatamente lo suelto sobre su cama y desde mi interior surge un grito que busca expulsar todo mi dolor, estoy arrodillado con lágrimas en los ojos, mi garganta se cierra de tal manera que mi alma queda atrapada allí y su deseo de salir agobiada por el dolor se ve frustrado, toda mi aflicción y sufrimiento parecen reunirse en un solo lugar; sin poder decir una sola palabra me siento impotente, frágil, y cohibido porqué mi cuerpo no me deja expresar mi dolor. lloro amargamente mientras sufro por mi impotencia.
Un par de horas después, aun sintiendo el mismo dolor e impotencia, pongo a mi amigo en su cama que ahora se convertiría en su ataúd y lo llevo al mismo parque por el que solíamos pasear con su collar rojo. Cavo un hueco lo suficientemente grande para depositar a mi amigo, y mientras lo entierro recuerdo cada momento vivido junto a él, con lágrimas en mis ojos me despido agradecido y teniendo una gran fe en el cielo de los hámster.



















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